¿Qué tanto conoces de tu lengua?
La lengua es tan esencial como los dientes y las encías limpias, pero a menudo no recibe tanta atención. Además del lenguaje, ese órgano es vital para degustar la comida y la bebida, y para mantener el equilibrio de la boca. Acá te invitamos a conocer mejor a tu lengua.
La lengua es un órgano muscular, situado en la cavidad de la boca, que sirve para la gustación, para deglutir y para modular los sonidos que le son propios. La superficie superior de este órgano está cubierta de diminutas protuberancias denominadas papilas, la cuales permiten captar los sabores. Existen cuatro tipos de papilas gustativas: las que pueden detectar los sabores dulces, salados, agrios y amargos.
Además, la lengua se divide en diferentes partes: el dorso, la cara inferior (donde se encuentra el frenillo); la basa de la lengua, los bordes linguales (que sirven como filtradores de bacterias) y la punta lingual (que sirve para degustar los alimentos).
La lengua es una zona donde se acumula la mayor cantidad de bacterias de la cavidad bucal, por eso es muy importante hacer una limpieza diaria. De hecho, un estudio de la facultad de Medicina de la Universidad de Michigan descubrió que cerca de un tercio de las especies de bacteria que se encontraba en la lengua no crecía en ninguna otra superficie de la boca.
Los gérmenes atrapados en la lengua pueden provocar el mal aliento y perjudicar el sentido del gusto. Además, muchos de esos microorganismos pueden viajar a otras partes de la boca y conllevar a complicaciones.
Mantener el hábito diario de limpiar la lengua es fundamental. Para esto, puedes utilizar un limpiador de lenguas - una pequeña herramienta hecha para raspar la lengua - que encuentras en diferentes formas y tamaños. Los dos tipos más comunes de limpiadores son los cepillos de lengua y los raspadores de lengua. Ambos remueven la mucosa de la superficie de manera que el dentífrico pueda matar las bacterias. El uso constante de los limpiadores bucales resulta en menos placa y un mejor aliento.