Millones de emigrantes de zonas más pobres han sido absorbidos por las nuevas megaciudades de la India, Brasil, México y otros países, cuyo tamaño empequeñece a antiguas referencias, como Nueva York o París. Construidas sin orden ni concierto, asediadas por los problemas sociales, estas nuevas megaciudades tienen muchos infelices puntos en común. Como escribía Sebastião Salgado: «A veces, no sabía dónde estaba: "¿En El Cairo, en Yakarta, en Ciudad de México?" En todas partes existen esas mismas islas de riqueza en medio de la pobreza, como los espacios verdes de Manila, que son clubes de golf privados en lugar de parques públicos».

 
Puesto que Bombay se extiende en una península de cuarenta kilómetros, muchos de sus habitantes dependen de los trenes para moverse. Evidentemente, los trenes no son suficientes, y muchos pasajeros tienen que ir colgados fuera de los vagones. Bombay, India, 1995.