foto Alan Riding

 

 

Por Carole Naggar, Nueva York, 29 de marzo del 2000.

¿Cómo comenzó el proyecto Éxodos?

El proyecto Éxodos es la continuación de mi anterior trabajo, Trabajadores. Es el segundo capítulo de una misma historia. Durante los seis o siete años que estuve tomando fotografías para Trabajadores, me di cuenta de que estamos inmersos en una transformación total de las formas de producción. Con el fin de la primera revolución industrial y la llegada de las nuevas tecnologías —las máquinas inteligentes— a la línea de producción, con la nueva organización de los factores de producción, me di cuenta de que los seres humanos y su forma de vida tradicional y sedentaria también empezaba a transformarse.

Millones de trabajadores pierden su trabajo debido a la producción masiva; los expulsan de las zonas agrícolas, de una región a otra. Y acuden a la ciudad en busca de trabajo. Anualmente, 120 millones de trabajadores del campo se suman a esta emigración; diez veces la población de una ciudad como Nueva York. En el sector industrial y de servicios ocurre lo mismo.

La mayoría de la población vivía en el campo, pero esto ha cambiado por completo: el mundo se ha vuelto urbano. Las ciudades como París, Nueva York y Londres son ciudades del pasado. Las ciudades del futuro son Bombay, México, Manila, Yakarta, São Paulo. Tenían cuatro o cinco millones de habitantes; ahora tienen quince. En estos momentos, hay más de 150 ciudades de la India que tienen más de un millón de habitantes.

En Brasil, por ejemplo, había cientos de haciendas de las que vivían varios cientos de miles de familias. Ahora han sido remplazadas por un par de enormes haciendas de monocultivo que emplean a tiempo parcial a los antiguos dueños, bajo contratos limitados. Brasil a su vez se ha convertido en el primer productor de naranjas que se venden en el mercado norteamericano y ha remplazado parcialmente la producción del estado de la Florida que es muy variable debido a las fluctuacines en el mercado.

La emigración es algo que conozco muy bien: crecí en una hacienda del Brasil. Cuando tenía cinco años, me fui a vivir a la ciudad. Cuando tenía quince años, me fui de aquella pequeña ciudad a una ciudad de tamaño medio con 120.000 habitantes. Cuando me casé con Lelia hace veintidós años, nos fuimos a vivir a São Paulo. Luego, por motivos políticos, tuvimos que abandonar nuestro país y mudarnos a Francia. Y aún hoy, 31 años después, sigo siendo un extranjero que vive en un país extranjero.

¿Qué espera lograr con este proyecto?

No soy quien para juzgar lo que es bueno o lo que es malo. Mis fotografías son tan sólo una representación de lo que ocurre en este ciclo de desplazamientos y migraciones. Durante siete años he viajado por 47 países y probablemente tenga fotografías de 39 o 40 países. Fotografío mundialmente y quiero exponerlo mundialmente: cada uno de mis reportajes trata sobre la globalización y liberalización económica, son una muestra de la condición humana de este planeta hoy en día.

Mi gran esperanza es ayudar y suscitar el debate para que podamos hablar sobre la condición humana teniendo en cuenta a la gente desplazada en todo el mundo. Mis fotografías son como un vector que une lo que está ocurriendo a la persona que no tiene la oportunidad de presenciar aquello, le da la oportunidad de verlo. Espero que la persona que salga de ver mi exposición no sea exactamente la misma que antes de entrar.

Creo que la forma en que viven los países ricos del mundo es la forma correcta de vivir. Todo el mundo tiene derecho a la salud, a la educación, a la asistencia social, y tiene el derecho y la necesidad de ser ciudadano. Creo que todos los seres humanos de este planeta deben tener lo mismo. Y curiosamente, tenemos suficientes recursos para hacer un mundo mejor para todos nosotros.

¿Qué relación guarda este trabajo con los anteriores?

Todo mi trabajo está relacionado como si fueran distintos capítulos de una misma historia: mis fotografías de los campesinos latinoamericanos que luchan por la supervivencia; las fotografías del Sahel; las de los refugiados y poblaciones desplazadas; las de trabajadores... son todas sobre seres humanos que luchan por su dignidad e intentan vivir mejor juntos. Intento ser coherente con este pequeño momento que me toca vivir en el planeta y, a la postre, mis fotografías son mi forma de vida.

Ahora no soy más o menos pesimista, soy más realista. Solía pensar que la evolución significa 'evolución en un sentido positivo', que nos encaminábamos hacia un estilo de vida mejor, a mejorar nuestras relaciones. Hoy en día, comprendo un poco mejor el comportamiento humano y creo la evolución también puede ser negativa. Creo que el verdadero talento del ser humano es su capacidad de adaptación a cualquier situación y esto me deja algunas sospechas sobre nuestra evolución: será que realemente conocemos nuestra verdadera naturaleza?

¿Qué cree que puede hacer la persona de la calle?

Creo que la persona de la calle puede ayudar mucho; no ofreciendo bienes materiales sino con su participación, discutiendo, preocupándose realmente por lo que ocurre. Es lo más importante que podemos hacer para que las cosas no vuelvan a ocurrir de este modo.

Hay una relación directa entre la pobreza del mundo y nuestra destrucción del medio ambiente. Uno de los motivos de que haya tanta pobreza es ese estrecho vínculo que une la disposición de la naturaleza al crecimiento demográfico.

No protegemos nuestro entorno y hemos destruido los bosques de la mayoría de los países tropicales. En Brasil, por ejemplo, debido a la deforestación, la tala y exportación de madera, las fincas ganaderas y las explotaciones mineras, estamos acabando con nuestros bosques y, por tanto, con las civilizaciones indias, y los indios están muriendo.

Mi esposa Lélia y yo y un grupo de amigos brasileños defendemos con dureza los bosques de mi región natal. Luchamos para conseguir que nos financien la construcción de una escuela para la capacitación de maestros de primaria, ingenieros agrícolas, hacendados y políticos. Estamos plantando 5,1 millones de árboles. Es un gran laboratorio de pruebas que contribuirá a recuperar el planeta zonas como éstas, en las que fue destruido. Por supuesto que necesitamos ayuda, debate y cualquier tipo de donación que nos sirva para plantar un árbol o a cambiar la mentalidad de una persona para que nos ayude a cambiar el medio ambiente.


Nació en 1944 en Aimores (Minas Gerais, Brasil). Hijo de un ganadero, es el sexto de ocho hermanos y único varón de su familia. Sebastião Ribeiro Salgado estudió Ciencias Económicas en Brasil (1964–1967) y obtuvo la licenciatura en 1968 por la Universidad de São Paulo y la Vanderbilt University (EE. UU.). En 1971 concluyó su doctorado en Economía por la Universidad de París y trabajó como economista para la Organización Internacional del Café hasta 1973.

Tras pedirle prestada la cámara fotográfica a su esposa Lelia en un viaje a áfrica (1973), decidió pasarse a la fotografía y empezó a colaborar con la agencia fotográfica Sygma (1974–75) y luego con Gamma (1975–1979). Posteriormente, fue elegido como miembro de la cooperativa internacional Magnum Photos, y estuvo en dicha asociación desde 1979 hasta 1994. Desde su domicilio en París viajó para cubrir noticias como las guerras de Angola y del Sáhara Español, la toma de rehenes israelíes en Entebbe, el intento de asesinato del presidente estadounidense Ronald Reagan, y también empezó a trabajar en proyectos documentales más profundos y personales.

Durante siete años (1977–1984) vagó por Latinoamérica, su región de origen, caminando hasta remotos pueblos de montaña con la intención de conseguir imágenes para su libro y exposición Other Americas (1986,Otras Américas), una exploración contemplativa de las sociedades campensinas y de la resistencia cultural de los amerindios y sus descendientes en México y en el Brasil. A mediados de los ochenta, colaboró durante quince meses con la ONG francesa Médicos sin Fronteras en la región africana del Sahel, afectada por una gran sequía, y creó Sahel: L'homme en dÉtresse (1986, Sahel: el fin del camino), un documento sobre la dignidad y resistencia del pueblo sometido al mayor sufrimiento. Desde 1986 hasta 1992 se centró en Workers (1993, Trabajadores), un documental fotografiado en 26 países sobre el final de la mano de obra masiva. Después de Terra: Struggle of the landless (1997, Terra: la lucha de los sin tierra), un documental sobre los que luchan por reclamanar su tierra en Brasil, su país natal, publicó Migrations (Migraciones) y Children (Niños) en el 2000, sobre las duras condiciones de vida de los desplazados, refugiados y emigrantes de 41 países.

Sebastião Salgado es un fotógrafo de renombre internacional que forma parte de la corriente de «fotografía comprometida». Instituciones de todo el mundo le han concedido los principales premios fotográficos y reconocimientos por sus logros. En 1994 fundó su propia agencia de prensa, Amazonas Images, que lo representa a él y a su trabajo. Vive en París con su esposa y colaboradora Lelia Wanick Salgado, quien diseñó la mayoría de sus libros. Tienen dos hijos.

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