«¿Estamos condenados a ser espectadores en gran medida? ¿Podemos cambiar el curso de los acontecimientos? ¿Podemos aducir "fatiga de compasión" cuando no mostramos ningún signo "fatiga de consumo"?»

—Sebastião Salgado


 



El Instituto Terra, una institución no lucrativa creada por Sebastião Salgado y Lélia Wanick Salgado, propone un planteamiento muy innovador para el problema de la desforestación del Brasil. Durante sus primeros diez años, el Instituto replantará parte del diezmado bosque atlántico con sus especies originales y utilizará el proyecto para apoyar un ambicioso programa de educación medioambiental. Sebastião Salgado y Lélia Wanick Salgado explican cómo surgió el proyecto y qué esperan conseguir.

Hace cinco siglos, cuando los navegantes portugueses llegaron a Brasil, el bosque atlántico se extendía por toda la costa oriental del país: tres mil kilómetros que separan los actuales estados de Rio Grande do Norte y Rio Grande do Sul. Era un bosque costero estrecho, que sólo se adentraba cuatrocientos kilómetros tierra adentro en su parte más ancha, pero cubría un área de 1,1 millones de kilómetros cuadrados, dos veces el tamaño de Francia, aproximadamente. En su forma original, este bosque tropical húmedo representaba quizá la mayor reserva biológica individual de la Tierra. Incluso más que la Amazonia, albergaba una concentración sin igual de variados animales y plantas endémicos. Debido a su variedad de climas y paisajes, alojaba millares de especies de flora y fauna únicas. Era en sí mismo un hito exclusivo de la historia de la evolución.

Hoy en día, apenas sobrevive el ocho por ciento del bosque atlántico. En lugar de un único biosistema gigante formado por una franja ininterrumpida de bosque, ahora hay bosques y forestas aislados. Como resultado de esto, muchas especies han desaparecido. Lamentablemente, fue necesario destruir la mayoría de la vegetación autóctona para que el Brasil —y el resto del mundo— se percataran de la importancia del bosque. Se han necesitado casi quinientos años para darse cuenta de lo que estaba ocurriendo.

Los primeros asentamientos humanos a lo largo de la costa se convirtieron con el tiempo en grandes ciudades con crecientes suburbios. En los tiempos coloniales, se talaban terrenos para dar paso a las plantaciones de café, azúcar y cacao, pero durante los últimos cincuenta años, se han talado muchos más bosques para crear granjas pecuarias. Y a medida que la minería y la tala avanzaban a buen paso, las ciudades extendían sus vastos complejos industriales, con su contaminación aneja. La región que estaba cubierta en su momento por el bosque atlántico acoge ahora a la mitad de la población del Brasil y al ochenta por ciento de su actividad económica. No ha sobrevivido ningún bosque.

Y no obstante lo anterior, aún se puede hacer algo.

Podemos conservar los restos de este bosque tropical único; incluso puede invertirse el proceso de desforestación y desertización, pero no puede establecerse a golpe de decreto. El verdadero progreso sólo se llevará a cabo cuando el brasileño de a pie se persuada de que debe salvar el bosque atlántico por su propio interés. Y éste es un proceso tremendamente lento: el daño causado por los individuos sólo puede ser reparado por los individuos.

Tenemos un plan: durante la próxima década, la Fazenda Bulcao, un antiguo rancho ganadero de 650 hectáreas en el estado oriental de Minas Gerais, se reforestará con especies endémicas del bosque atlántico y se repoblará con alguna de la fauna que vivió allí en otros tiempos. Al mismo tiempo, se pondrá en marcha un ambicioso programa educativo sobre la conservación de los bosques y la conciencia ecológica entre los estudiantes de agricultura, funcionarios municipales y agricultores.

Por tanto, el proyecto está destinado a ganarse a los brasileños, no mediante legislación y propaganda, sino mediante el ejemplo y la educación. Si lo hacemos solos, el efecto del proyecto será limitado, pero, con suerte, cada prosélito ganado será un nuevo proselitista. Y, con el tiempo, lo que nació como un experimento tendrá un efecto multiplicador, y se convertirá en un modelo digno de imitar en proyectos similares en todo el Brasil.

Nuestra visión puede ser idealista, pero nuestro planteamiento es práctico y pragmático. Creemos que el Instituto Terra puede marcar la diferencia.

 

 


 

 

Las siguientes son organizaciones de cooperación con las que colabora Sebastião Salgado. Póngase en contacto directo con ellas para colaborar como voluntario o contribuir económicamente.

UN High Commissioner for Refugees

International Organization of Migration

Doctors Without Borders

UNICEF

Christian Aid (UK)

Save the Children

Norwegian People's Aid

Frères des Hommes

Comité Catholique Contre la Faim et pour le Développement

Reporters sans Frontières

Ligue de l'Enseignement

Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra